Imagina. ¿Dónde está ese grupo de personas que adoran juntas un domingo por la mañana?
¿Dónde está esa gente de lunes a domingo? En todas partes.
En casa, en el trabajo, en clase, en un campo deportivo, jugando con los nietos, haciendo ejercicio eIn el gimnasio. Imagínate esa comunidad de personas seguidoras de Cristo con sus vidas al completo, totalmente comprometidas con la misión del Señor en este mundo. Ahí, justo en el lugar en el que están. Imagínate eso en tu iglesia. Imagínatelo.
Esparcidos
El 98% de las personas que asisten un domingo a la iglesia, pasan el 95% del tiempo más allá de las paredes de la iglesia. Los lugares en los que se encuentra ese 95% de sus vidas es el principal contexto de su discipulado. Y es el principal contexto para su misión. Dónde se puede impactar tanto en la cultura como en las personas. Es dónde desarrollan su vida con Dios. Es muy importante.
Reunidos
El significado de la iglesia esparcida replantea la importancia vital de una iglesia reunida también. Hagamos cuentas, de 120 horas de vigilia que hay en una semana, la mayoría de la gente pasa solo 10 horas comprometida de una forma directa con la comunidad de la iglesia. Ahí está la oportunidad. En complementar las 10 horas con las 110 restantes. Hay una interdependencia dinámica entre estas dos expresiones del cuerpo de la iglesia: la iglesia en forma reunida y esparcida.
Nuestra comunidad, la adoración, la enseñanza, la oración, las amistades y la diversión nos forman para nuestra vida con Dios en primera línea. Pero lo que pasa ahí fuera también da forma a nuestro tiempo juntos.
Cambio en la cultura
La mayoría de las iglesias necesitan un cambio en sus culturas con el fin de poner en práctica esta dinámica de forma efectiva.
Normalmente, esto no ocurre sin una intención y sin cambios clave en las prioridades.
Es emocionante el hecho de que muchos líderes experimentan aquí un llamado a refrescar el deseo que los empujó al ministerio pastoral en un primer momento: hacer discípulos.
Para cambiar la cultura de la iglesia se necesita gracia, habilidad y perseverancia. Sin embargo, ponerse a ello puede ser sorprendente fácil. Su precio vale la pena: el cuerpo de Cristo animado y con poder para vivir bien con Cristo dondequiera que esté. Esto nos llena y revitaliza a todos.
Hay dos verdades de las que estoy totalmente convencido: Dios ama de verdad a su iglesia y Dios ama de verdad al mundo, este precioso y roto lugar al que llamamos hogar. Ambos están conectados. Este amor que creó la iglesia es el amor que estamos llamados a demostrar a nuestro pequeño lugar en el mundo, donde sea que estemos. Amamos al señor porque Él nos amó primero. Todo encaja. Es como trabaja Dios.
Neil Hudson, LICC.
Para créditos iglesia en el trabajo
Publicado originalmente por el LICC:
https://www.licc.org.uk/resources/the-call/ 22.02.2017
Leading a Whole-Life Disciplemaking Church: the Call