
Ser un discípulo en el trabajo- ¿Quién es el jefe?” (Colosenses 3:22-4:1).
I.Introducción
Presentación del tema: ¿Qué situaciones te encuentras en tu trabajo y en particular con tu jefe o coordinador?
Las situaciones complejas. Es lunes por la mañana, después de un domingo de bastante trabajo en la Iglesia. Te levantas pronto, con muchas ganas de trabajar y dices: “Por fin es lunes…” por dos motivos: o porque has trabajado duro en la Iglesia y prefieres estar en el trabajo; o, porque es una posibilidad de hablar de Dios con tus compañeros.
Sin embargo, empiezas a pensar en las injusticias que vives con este jefe. ¿Te sientes identificado con alguna de estas
l uchas? Hace diez años que no tengo un incremento salarial; mi responsable me grita o tiene mal carácter o dice mentiras; siempre me dan a mí el trabajo que deberían hacer otros; soy yo quien en la empresa formo a los nuevos empleados o a los
estudiantes en prácticas; mi jefe dice mentiras o me obliga a decirlas; he sufrido de moobing o burning alguna vez; mi jefe no
está capacitado para desempeñar bien su trabajo; mi jefe me obliga a mentir o a actuar de forma no ética; mi responsable le
da a otro el puesto que yo me merezco; o, he perdido una buena plaza por culpa de mi jefe…
¿Cuáles son nuestras reacciones en la carne, como humanos?
Teniendo en cuenta que pasamos ocho horas como mínimo en el trabajo con un jefe que nos coordina, experimentamos sentimientos y emociones que pueden ser: ira, soledad, enojo, frustración, injusticia, vaciedad, sentimiento de que no valgo para nada, de que no sé lo suficiente, etc… Jesús mismo debió experimentar algunos de estos sentimientos a lo largo de su vida terrenal, aunque entendemos que Él siempre supo mantenerse sin pecado. Estos nos lleva a la siguiente pregunta.
¿Cómo nos dice el Señor que podemos afrontar estas reacciones humanas?
La Biblia está llena de consejos prácticos sobre cómo debería ser nuestra ética en el trabajo: ser pacientes, escuchar, tener esperanza, poner la otra mejilla, esperar la recompensa del Señor, dar ejemplo, etc… En cuanto a nuestro trabajo, partimos de la base de que:
II. Desarrollo: Colosenses 3:22-4:1
Este texto, con el versículo principal sobre el servicio a Cristo, nos habla de principios básicos para entender que nuestro verdadero jefe es Jesús, no el jefe de nuestra fábrica, hospital, colegio o empresa.
V.22: “Obedeced a nuestro amo”. Es un mandato del Señor y no hay posibilidad de elegir otra opción. Esto supone mostrar adoración a Dios, a pesar de que la persona que nos coordina no tenga temor de Dios. La obediencia tiene consecuencias positivas. También repite dos veces “En todo”, porque no hay excepciones posibles. “No sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres”. En el mundo y en los trabajos lo importante es la visibilidad, ser reconocido por los hombres, pero aquí nos insta a no servir para que se vea. En otra versión dice “como si os vigilaran”. Al contrario, de corazón sincero, sirviendo a Dios, que a veces no se ve.
V.23: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres”. Insiste en usar el corazón, no lo que
se ve, ya que el Señor valora más aquello. También es el asiento de las emociones, sentimientos y razón. Además, todo hay que hacerlo para el Señor, que es la garantía de hacer las cosas con profesionalidad y excelencia.
V.24: “Sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís”. Tenemos un salario que
recibimos de la empresa, pero con nuestro trabajo presentado ante Dios podemos brillar y recibiremos mayor recompensa. Es una promesa, diferente de la que nos hacen nuestros jefes del mundo y luego no la cumplen. Y cuando vayamos a trabajar, podemos ser íntegros y tener una conducta correcta, que muestre nuestro brillo y adoración a Dios. Sólo si entendemos que nuestro contrato es con Dios, podremos soportar las injusticias, las mentiras, la falta de ética, manifestando todo lo contrario.
V.25: “Mas el que hace injusticia, recibirá la injusticia que hiciere, porque no hay acepción de personas”. Es el Señor el que obra con su propia justicia y cuando nos sentimos desprotegidos en el trabajo, Dios nos tiene en cuenta y nos vindica.
V. 4:1: “Amos, haced lo que es justo y recto con vuestros siervos, sabiendo que también vosotros tenéis un Amo en los cielos”. Es
importante que los amos cristianos sean justos con sus empleados, porque ellos también están sirviendo a Dios mismo.
III. Conclusiones